Siempre pensé que, si alguna vez conseguía publicar una novela o algo parecido, en los agradecimientos solamente vendría escrito una cosa: Para Merche, siempre has sido tú. No he publicado un libro, pero si he logrado algo por lo que merece la pena escribir unos agradecimientos: he ganado mi plaza de profesor en las últimas oposiciones a secundaria, y voy a trabajar en el instituto en el que estudié.

El primer agradecimiento ya está dicho, para Merche, para mi mujer, mi Amor, mi apoyo, mi hombro, mi sol. Sabes que sin ti esto hubiera sido imposible, ya te he dicho que media plaza es tuya; es verdad, sé que sin tu confianza absoluta en mí no lo hubiese logrado.

A mis padres, que me dieron la educación que quise y me dejaron hacer con mi vida lo que, literalmente, me dio la gana. También me apoyaron y se alegran por esto tanto o más que yo.

A mi hermano y a mi hermana, siento no poder seguir más con el negocio familiar, pero cuidad de mi parte de empresa.

A mi sobrina Nieves, sé que te hacía ilusión que fuese tu profe, pero quizás lo sea otro año.

A mis ahijados, que desde su inocencia se alegran por su tete tanto como sus padres.

A mis amigos. Por suerte aquí la lista sería muy larga, por todo lo que os alegráis por mí. Antonio Aznar, Jose Luis Lapaz, Antonio Castillo, Punto, Victor (me he quedado la plaza de tu padre al fin), Juanico (mi gurú del STERM) ahora voy a estar en las mismas aulas que compartimos, pero del otro lado.

A Chiqui y a Fernando, siento dejaros tan solos en Yecla, pero el triunvirato no se ha roto, eso no se olvida. Francis y Paco ndríaco también deben de tener su hueco aquí.

A los que ya no están, no puedo dejar de pensar en mi abuela y en lo que se alegraría, sé que están contentos.

Espero no haber olvidado a nadie. Todo aquél que se alegre por mí que piense que su nombre también está aquí.

Y ahora le dejo la palabra a Gerardo Diego. Tendría que cambiar muchas cosas (yo soy de Historia, él es de lengua, por ejemplo), pero la esencia es la misma:

Brindis

Debiera hora deciros: —«Amigos,

muchas gracias», y sentarme, pero sin ripios.

Permitidme que os lo diga en tono lírico,

en verso, sí, pero libre y de capricho.

Amigos:

dentro de unos días me veré rodeado de chicos,

de chicos torpes y listos,

y dóciles y ariscos,

a muchas leguas de este Santander mío,

en un pueblo antiguo,

tranquilo

y frío,

y les hablaré de versos y de hemistiquios,

y del Dante, y de Shakespeare, y de Moratín (hijo),

y de pluscuamperfectos y de participios,

y el uno bostezará y el otro me hará un guiño.

Y otro, seguramente el más listo,

me pondrá un alias definitivo.

Y así pasarán cursos monótonos y prolijos.

Pero un día tendré un discípulo,

un verdadero discípulo,

y moldearé su alma de niño

y le haré hacerse nuevo y distinto,

distinto de mí y de todos: él mismo.

Y me guardará respeto y cariño.

Y ahora os digo:

amigos,

brindemos por ese niño,

por ese predilecto discípulo,

por que mis dedos rígidos

acierten a moldear su espíritu,

y mi llama lírica prenda en su corazón virgíneo,

y por que siga su camino

intacto y limpio,

y porque este mi discípulo,

que inmortalice mi nombre y mi apellido,

... sea el hijo,

el hijo

de uno de vosotros, amigos.